Drogas y seguridad: Reimplantar la Doctrina Monroe- Un análisis-

Lic. Luis Ma. Ruiz Pou – Primicias.

El discurso de la lucha contra las drogas y el terrorismo, no busca frenar esas amenazas, sino justificar una expansión estratégica que recuerda la lógica de la Doctrina Monroe y la política del Garrote.

La historia enseña que los imperios rara vez repiten sus métodos, pero casi siempre repiten sus ambiciones. La Doctrina Monroe nació en 1823 como un gesto defensivo: impedir que las potencias europeas colonizaran el continente. Bajo la pluma de John Quincy Adams y la voz de James Monroe, una advertencia diplomática terminó convertida en un principio de hegemonía hemisférica. “América para los Americanos”; en la práctica, América para los Estados Unidos.

Con el paso del tiempo, la doctrina se transformó en instrumento. El Corolario Roosevelt —la célebre “Política del Garrote”. Una licencia para intervenir, ocupar, disciplinar. Desde el Caribe hasta Centroamérica, la seguridad fue el argumento; la expansión, el resultado. Hoy, estamos en un mundo multipolar donde la fuerza bruta ya no se ejerce con la impunidad del siglo XX, Washington no puede reintroducir abiertamente aquella política. Pero, eso no significa que haya renunciado a su lógica. Lo que cambia no es la ambición, sino el pretexto.

El laboratorio venezolano

La llegada de Donald Trump a la presidencia marcó un giro discursivo: la seguridad nacional se convirtió en un paraguas bajo el cual caben drogas, terrorismo, migración, crisis humanitaria y cualquier fenómeno susceptible de ser securitizado. En ese marco, Venezuela pasó a funcionar como caso piloto, un laboratorio político donde ensayar una nueva versión.

Nosotros nos preguntamos: ¿Por qué no les se aplica la misma política de Venezuela  a paises de ameica latina que trafincan con drogas y actos de terrorismo como: Hati, Perú, Colombia. Uno el más pobre con terrorismo y otros con una economía sólida productores de fentalino y otras ddrogas.

La secuencia es reveladora:

Primero, la acusación del llamado “Cartel de los Soles”, atribuido a militares venezolanos.-Luego, la imputación de vínculos con la producción de fentanilo.Más tarde, la narrativa del terrorismo como amenaza hemisférica. Cada escalón no sustituye al anterior: lo acumula. Es un proceso de escalamiento discursivo que permite justificar medidas extraordinarias sin necesidad de declarar abiertamente una política de intervención.

La geografía militar del Caribe

El Caribe comenzó a transformarse; Bases, acuerdos, “cooperación técnica” y presencia logística. Países pequeños, confiados en la retórica de la seguridad compartida, abrieron sus puertas sin medir las consecuencias de largo plazo: Guatemala, República Dominicana, Panamá, Trinidad y Tobago, Guyana, El Salvador, Puerto Rico y las Islas Vírgenes, se convirtieron en una red de base militar que rodea a Venezuela y al mismo tiempo, configura el equilibrio militar del Caribe. No se trata de una operación puntual: es una infraestructura de permanencia.

La historia estadounidense ofrece un patrón claro: cuando Washington les da la mano, rara vez retira el brazo. La presencia militar, una vez establecida, se convierte en un hecho consumado. Y los gobiernos que la autorizaron sin debate parlamentario, descubren tarde que la soberanía cedida no se recupera con facilidad. Están posicionados para imponer la “Doctirna Monroe”, sin necesidad de aplicar la “Teoría del Garrote”.

La seguridad como argumento, no como objetivo

Cuando la seguridad se define de manera tan amplia que cualquier fenómeno puede ser interpretado como amenaza, el Estado que controla la narrativa controla también las respuestas. Y cuando ese Estado es la potencia hemisférica, la frontera entre la cooperación y la subordinación se vuelve difusa. Es un espejo. Ningunos de los países que les dieron aquiescencias para establecerse en sus territorios sin el consentimiento de sus congresos, podrán oponer las sutílmente. Tienen la guardia dentro con el garrote.

Lo que hoy se refleja, no es la defensa del continente, sino la reactivación de una lógica de control que se disfraza de lucha contra las drogas y el terrorismo.

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